A veces las palabras sobran, aunque a veces las palabras igualmente faltan
A veces las palabras sobran, otras veces no es posible traducir a tu propio idioma materno (y paterno) lo que te transmiten tus emociones. ¿Cómo explicas esa lágrima que huye rauda por tu mejilla? ¿Cómo explicas el tacto de esa mano que no te está tocando pero que te acaricia? Al intentar hacer respirar a nuestros sentimientos les damos alas a la par que cadenas. Los lanzamos al aire para que planeen libres pero atados y sin escapatoria. Es cada palabra un refugio y una prisión. Blanco y negro. Una pura contradicción. Y por ello tan real como falso. Quieres aclarar un concepto abstracto ante ti y ante el resto, cómo es el amor, cómo es la nostalgia, cómo es la tristeza. Sin embargo, también lo limitas a un contexto, a una simbología, e incluso a una lengua. No se siente lo mismo al decir: "I love you", "Te quiero" o "Je t'aime". Según el idioma en el que hables, pensarás de una manera distinta y reducirás a la vez que engrandecerás una emoción. Por todo eso, a veces las palabras sobran, aunque a veces las palabras igualmente faltan.
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