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De alguna forma necesito despedirte

Despedida de Jorge Debravo El camino, despacio, retrocede a nuestras espaldas. Todos los árboles se han alejado hacia el poniente. Todo en la tierra se aleja alguna vez. La luna y el paisaje. El amor y la vida. El reloj, en mi muñeca, dice que son las cinco de la tarde. La hora de los adioses, la hora en que la misma tarde agita nubecillas en despedida.

Ritmos invernales (IV)

Canción de Invierno de Manuel Machado Los días están tristes y la gente se muere, y cae la lluvia sucia de las nubes de plomo ... Y la ciudad no sabe lo que le pasa, como el pobre corazón no sabe lo que quiere. Es el invierno, oscuro túnel, húmedo encierro por donde marcha, a tientas, nuestro pobre convoy. Y nos tiene amarrados a la vida de hoy, como un amor que tira de su cadena al perro. Luto, lluvia, recuerdo. Triste paz y luz pobre. Cerremos la ventana a este cielo de cobre. Encendamos la lámpara en los propios altares ... Y tengamos, en estas horas crepusculares, una mujer al lado, en el hogar un leño ..., y un libro que nos lleve desde la prosa al sueño.

Abrazar al vacío

Jamás creí que fuera posible abrazar al vacío. Pero sé puede. Lo he vivido. Corre la tarde. El sol que coloreaba la habitación abandonó la postal improvisada tras el cristal de mi ventana. Y yo no lo noté hasta que tuve que forzar la vista porque no distinguía las letras del teclado. Me había vuelto a perder entre mis pensamientos. De nuevo. Quieres... o mejor, necesitas maldecir al tiempo. Por una vez, te ilusionas con que sé compadezca de ti y sé detenga un rato. Nunca cumplirá tu deseo. ¿Cómo pueden seguir dando saltitos las manecillas del reloj cuando tu te has roto por dentro? Puedes intentar quitarle las pilas para que deje de sonar ese tic-tac tan pesado. Y así no escuchar más el recordatorio de lo extraviado en ese presente ya moribundo. Incluso, tal vez logres aislarte por unos minutos (ya he usado una de las malditas palabras, caigo en su juego) y te convenzas de que es un mal sueño y pronto despertarás. Y justo en ese instante en el que empiezas a sonreír en tu amarga ...

Ausencia

Ausencia de Jorge Luis Borges Habré de levantar la vasta vida  que aún ahora es tu espejo:  cada mañana habré de reconstruirla.  Desde que te alejaste,  cuántos lugares se han tornado vanos  y sin sentido, iguales  a luces en el día.  Tardes que fueron nicho de tu imagen,  músicas en que siempre me aguardabas,  palabras de aquel tiempo,  yo tendré que quebrarlas con mis manos.  ¿En qué hondonada esconderé mi alma  para que no vea tu ausencia  que como un sol terrible, sin ocaso,  brilla definitiva y despiadada?  Tu ausencia me rodea  como la cuerda a la garganta,  el mar al que se hunde.

La lluvia puede latir a diferentes ritmos (I)

Llueve de Pablo Neruda Llueve sobre la arena, sobre el techo el tema de la lluvia: las largas eles de la lluvia lenta caen sobre las páginas de mi amor sempiterno, la sal de cada día: regresa lluvia a tu nido anterior, vuelve con tus agujas al pasado: hoy quiero el espacio blanco, el tiempo de papel para una rama de rosal verde y de rosas doradas: algo de la infinita primavera que hoy esperaba, con el cielo abierto y el papel esperaba, cuando volvió la lluvia a tocar tristemente la ventana, luego a bailar con furia desmedida sobre mi corazón y sobre el techo, reclamando su sitio, pidiéndome una copa para llenarla una vez más de agujas, de tiempo transparente, de lágrimas.

Entre cigarrillos

Notar cómo las lágrimas intentan escapar por todos los poros de tu piel. No querer evocar el presente que viviste ese otro día, y que parece que fue ayer. Esquivar los recuerdos con mentiras. Engañarte a ti misma porque crees que así sufrirás menos, cuando lo único que logras es que supure más la herida. Una imagen en el espejo con los ojos hinchados por el llanto y nariz de payaso. Y lo peor de todo, sentirte sola cuando estás rodeada de gente por todos lados. Y acabar sumergiéndote en el silencio, como siempre, ya que tu rebeldía se disipa con las bocanadas entre cigarrillos que exhala el abandono del olvido...

El puente de piedra

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Cae una gota de agua. Las ondas se prolongan, parece que permanecerán entremezclándose hasta el infinito. Entonces empiezan a difuminarse, hasta que sólo queda el silencio del olvido. Estoy encima de un puente. Del puente de piedra, el de las puestas de sol, el que en otoño tiene una alfombra dorada de hojas marchitas. En el que nos dimos nuestro primer beso. Ese pequeñito y viejo que cruza el riachuelo escondido. Oculto tras la cortina de árboles y de ramas, de sauces llorones y de álamos. Ése que hasta que no doblas el recodo del camino no te sorprende con su humilde y discreta belleza. Allí esparzo los pétalos de una rosa roja. Los voy poniendo en el aire delicadamente y flotan… Flotan hasta que se depositan sobre la superficie cristalina de agua. Son llevados por la corriente. Es entonces cuando pienso en ti. En tus ojos, en tus besos. En la forma en la que tienes de acariciarme el pelo. En que me haces sentir amada, especial, incluso única. Suspiro por tu marcha. Te fuiste, d...

Gracias a todos aquellos que respiran a mi lado

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Hoy es uno de esos días que las lágrimas te nublan la vista, que el silencio no calla, que necesitas un abrazo tras otro. Saber que vas a echar en falta a alguien por la distancia o por el tiempo o que ya lo estás haciendo, entristece. Pero también comprendes que esa añoranza naciente o que ya ha vivido bastante, significa estar rodeado de personas a las que quieres y te quieren, eres feliz de compartir tu respirar con ellos aunque no se encuentren contigo, porque siempre están presentes, en tu interior, en tus pensamientos. Viven en tu aquí y ahora de otra forma, igual de intensa, igual de bella. Solamente te apetece escuchar canciones melancólicas y tener un montón de pañuelos preparados para esas gotitas saladas que están a punto de florecer bajo tus pestañas. Aunque también desearías decir gracias por que estén ahí, aunque no estén a tu lado. Gracias por regalarme vuestras sonrisas y vuestra amistad.

Un sueño roto

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Un sueño roto es el humo de una ilusión quemada por el presente, que fue un deseo lleno de esperanza en el pasado y un recuerdo amargo en el futuro.

Tu amor fue...

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  Tus ojos fueron los míos cuando la noche apagó mis pupilas. Tus manos fueron mis pensamientos cuando el silencio acarició mi mirada. Tu sonrisa fue nuestra canción  cuando sólo pude escuchar su melodía. Tu olor fue mi abrigo  cuando, entre sábanas, me abrazaba. Tu amor fue... mi respirar, mi vivir.