Día de Año Nuevo de Kim Addonizio

Día de Año Nuevo de Kim Addonizio

Esta mañana la lluvia cae
sobre la última nieve

y la limpiará. Huelo otra vez
la hierba y las hojas caídas

que se mezclan con el barro.
Los pocos amores que pude

conservar duermen aún
en la Costa Oeste. Aquí en Virginia

camino por los campos con la única
compañía de unas pocas vacas jóvenes.

De hueso ancho y tímidas,
son como las chicas que recuerdo

de Secundaria, las que nunca
hablaban, las que tenían la cabeza

agachada y los brazos cruzados sobre
sus pechos nuevos. Esas chicas

tienen ya casi cuarenta años. Como yo,
seguro que a veces se detienen

de noche ante una ventana, a mirar
el patio silencioso, una

silla oxidada y los muros
de las casas de otra gente.

Habrá tardes en que se acuesten
y lloren amargamente por quien

las hiciera más felices,
y se pregunten cómo sus vidas

las han llevado
tan lejos sin jamás

explicar nada. No sé
por qué estoy aquí fuera

con mi abrigo cada vez más oscuro
y mis botas que se hunden y se levantan

con un leve ruido de ventosa
que me gusta escuchar. Me da igual

dónde estén ahora esas chicas.
Sea lo que sea lo que hayan logrado,

que se lo queden. Hoy no quiero
solucionar nada.

Sólo quiero caminar
un rato más bajo la fría

bendición de la lluvia,
y alzar mi rostro hacia ella.

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