Entradas

Casi de primavera (II)

Soneto LXXXVIII de Pablo Neruda El mes de Marzo vuelve con su luz escondida y se deslizan peces inmensos por el cielo, vago vapor terrestre progresa sigiloso, una por una caen al silencio las cosas. Por suerte en esta crisis de atmósfera errabunda reuniste las vidas del mar con las del fuego, el movimiento gris de la nave de invierno, la forma que el amor imprimió a la guitarra. Oh amor, rosa mojada por sirenas y espumas, fuego que baila y sube la invisible escalera y despierta en el túnel del insomnio a la sangre para que se consuman las olas en el cielo, olvide el mar sus bienes y leones y caiga el mundo adentro de las redes oscuras.

Casi de primavera (I)

El limonero lánguido suspende de Antonio Machado El limonero lánguido suspende una pálida rama polvorienta sobre el encanto de la fuente limpia, y allá en el fondo sueñan los frutos de oro... Es una tarde clara, casi de primavera; tibia tarde de marzo, que al hálito de abril cercano lleva; y estoy solo, en el patio silencioso, buscando una ilusión cándida y vieja: alguna sombra sobre el blanco muro, algún recuerdo, en el pretil de piedra de la fuente dormido, o, en el aire, algún vagar de túnica ligera. En el ambiente de la tarde flota ese aroma de ausencia que dice al alma luminosa: nunca, y al corazón: espera. Ese aroma que evoca los fantasmas de las fragancias vírgenes y muertas. Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara, casi de primavera, tarde sin flores, cuando me traías el buen perfume de la hierbabuena, y de la buena albahaca, que tenía mi madre en sus macetas. Que tú me viste hundir mis manos puras en el agua se...

Ocho letras y un espacio en blanco

Dos palabras de Alfonsina Storni Esta noche al oído me has dicho dos palabras Comunes. Dos palabras cansadas De ser dichas. Palabras Que de viejas son nuevas. Dos palabras tan dulces que la luna que andaba Filtrando entre las ramas Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento Moverme para echarla. Tan dulces dos palabras ¿Qué digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!? Tan dulces y tan mansas Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman. Tan dulces y tan bellas Que nerviosos, mis dedos, Se mueven hacia el cielo imitando tijeras. Oh, mis dedos quisieran Cortar estrellas.

Luna eterna (II): Hay que ingerir dosis de luna

La luna de Jaime Sabines La luna se puede tomar a cucharadas  o como una cápsula cada dos horas.  Es buena como hipnótico y sedante  y también alivia  a los que se han intoxicado de filosofía.  Un pedazo de luna en el bolsillo  es mejor amuleto que la pata de conejo:  sirve para encontrar a quien se ama,  para ser rico sin que lo sepa nadie  y para alejar a los médicos y las clínicas.  Se puede dar de postre a los niños  cuando no se han dormido,  y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos  ayudan a bien morir.  Pon una hoja tierna de la luna  debajo de tu almohada  y mirarás lo que quieras ver.  Lleva siempre un frasquito del aire de la luna  para cuando te ahogues,  y dale la llave de la luna  a los presos y a los desencantados.  Para los condenados a muerte  y para los condenados a vida  no hay mejor estimulante ...

Algún día

Algún día de Darío Jaramillo Agudelo Algún día escribiré un poema que no mencione el aire ni la noche; un poema que omita los nombres de las flores, que no tenga jazmines o magnolias. Algún día te escribiré un poema sin pájaros ni fuentes, un poema que eluda el mar y que no mire a las estrellas. Algún día te escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel y que convierta en palabras tu mirada. Sin comparaciones, sin metáforas, algún día escribiré un poema que huela a ti, un poema con el ritmo de tus pulsaciones, con la intensidad estrujada de tu abrazo. Algún día escribiré un poema, el canto de mi dicha.

Inyectando azúcar en vena (IV): un soneto cualquiera

Soneto LXVI de Pablo Neruda No te quiero sino porque te quiero  y de quererte a no quererte llego  y de esperarte cuando no te espero  pasa mi corazón del frío al fuego.  Te quiero sólo porque a ti te quiero,  te odio sin fin, y odiándote te ruego,  y la medida de mi amor viajero  es no verte y amarte como un ciego.  Tal vez consumirá la luz de Enero,  su rayo cruel, mi corazón entero,  robándome la llave del sosiego.  En esta historia sólo yo me muero  y moriré de amor porque te quiero,  porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

Inyectando azúcar en vena (III): L'hymne à l'amour

Imagen
L'hymne à l'amour de Edith Piaf  Le ciel bleu sur nous peut s'effondrer Et la terre peut bien s'écrouler Peu m'importe si tu m'aimes Je me fous du monde entier Tant qu'l'amour inond'ra mes matins Tant que mon corps frémira sous tes mains Peu m'importe les problèmes Mon amour puisque tu m'aimes J'irais jusqu'au bout du monde Je me ferais teindre en blonde Si tu me le demandais J'irais décrocher la lune J'irais voler la fortune Si tu me le demandais Je renierais ma patrie Je renierais mes amis Si tu me le demandais On peut bien rire de moi Je ferais n'importe quoi Si tu me le demandais Si un jour la vie t'arrache à moi Si tu meurs que tu sois loin de moi Peu m'importe si tu m'aimes Car moi je mourrais aussi Nous aurons pour nous l'éternité Dans le bleu de toute l'immensité Dans le ciel plus de problèmes Mon amour crois-tu qu'on s...