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Desnudar el corazón (VI): Dame la mano y danzaremos

Dame la mano de Gabriela Mistral Dame la mano y danzaremos; dame la mano y me amarás. Como una sola flor seremos, como una flor, y nada más... El mismo verso cantaremos, al mismo paso bailarás. Como una espiga ondularemos, como una espiga, y nada más. Te llamas Rosa y yo Esperanza; pero tu nombre olvidarás, porque seremos una danza en la colina y nada más...

Uno de esos poemas eternos (III): Besos de Gabriela Mistral

Besos de Gabriela Mistral Hay besos que pronuncian por sí solos la sentencia de amor condenatoria, hay besos que se dan con la mirada hay besos que se dan con la memoria. Hay besos silenciosos, besos nobles hay besos enigmáticos, sinceros hay besos que se dan sólo las almas hay besos por prohibidos, verdaderos. Hay besos que calcinan y que hieren, hay besos que arrebatan los sentidos, hay besos misteriosos que han dejado mil sueños errantes y perdidos. Hay besos problemáticos que encierran una clave que nadie ha descifrado, hay besos que engendran la tragedia cuantas rosas en broche han deshojado. Hay besos perfumados, besos tibios que palpitan en íntimos anhelos, hay besos que en los labios dejan huellas como un campo de sol entre dos hielos. Hay besos que parecen azucenas por sublimes, ingenuos y por puros, hay besos traicioneros y cobardes, hay besos maldecidos y perjuros. Judas besa a Jesús y deja impresa en su rost...

Raíces

Raíces de Gabriela Mistral Estoy metida en la noche de estas raíces amargas como las pobres medusas que en el silencio se abrazan ciegas, iguales y en pie, como las piedras y las hermanas. Oyen los vientos, oyen los pinos y no suben a saber nada. Cuando las sube la azada le vuelven al sol la espalda. Ellas sueñan y hacen los sueños y a la copa mandan las fábulas. Pinos felices tienen su noche, pero las siervas no descansan. Por eso yo paso mi mano y mi piedad por sus espaldas. Apretadas y revueltas las raíces-alimañas me miran con unos ojos fijos de peces que no se les cansan y yo me duermo entre ellas y de dormida me abrazan. Abajo son los silencios, en las ramas son las fábulas. Del sol serían heridas que sí bajaron a esta patria. No sé quién las haya herido que al tocarlas doy con llagas. Quiero aprender lo que oyen para estar tan arrobadas, lo que saben y las hace así de dulces y amargas. Paso entre ella...

La lluvia puede latir a diferentes ritmos (VI)

La lluvia lenta de Gabriela Mistral Esta agua medrosa y triste,  como un niño que padece,  antes de tocar la tierra  desfallece.  Quieto el árbol, quieto el viento,  ¡y en el silencio estupendo,  este fino llanto amargo  cayendo!  El cielo es como un inmenso  corazón que se abre, amargo.  No llueve: es un sangrar lento  y largo.  Dentro del hogar, los hombres  no sienten esta amargura,  este envío de agua triste  de la altura.  Este largo y fatigante  descender de aguas vencidas,  hacia la Tierra yacente  y transida.  Llueve... y como un chacal trágico  la noche acecha en la sierra.  ¿Qué va a surgir, en la sombra,  de la Tierra?  ¿Dormiréis, mientras afuera  cae, sufriendo, esta agua inerte,  esta agua letal, hermana  de la Muerte?