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Primavera con una esquina rota (IV): Dar cuerda al reloj

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Texto publicado en Diario Córdoba, publicado el 19.04.2020. Dar cuerda al reloj de Carlos Miraz "Sin duda una de las imágenes de la ya pasada Semana Santa han sido las carreteras vacías. Casi añora uno los atascos de antaño. Más que nada como anormalidad normal. Valga la paradoja, pues la carretera también se cobra anualmente su tributo en vidas. Esta vez el día después, ha sido normal dentro de la anormalidad (vaya lío). Pero, bueno, empezar a ver la luz al final del túnel nos hace intentar prever qué paisaje vamos a divisar cuando salgamos de él. Y no parece nada halagüeño. Tal día como hoy, en los tiempos previrus, estaríamos preparando la Feria del Libro, prestos a celebrar como cada abril algún aniversario literario, recibir las últimas creaciones y congratularnos de la aparición de firmas noveles. Habrá que esperar mejor ocasión. Y aunque estos días de confinamiento han deparado en la lectura un magnífico acompañante, el covid le ha robado el mes de abril al maltrec...

Día 2. He conseguido sonreír.

Alguien duerme a mi lado. Respira con dificultad. Sus leves ronquidos me resultan desconocidos. Aunque no deseo abrir los ojos para ver quién es, pues se rompería este pequeño instante de paz en el que me siento inmersa. Si me muevo, regresarán los dolores y las pesadillas.  "Buenos días", mi soledad se desvanece de repente por culpa de una voz infantil y cantarina. "¿Cómo te llamas? Yo soy Lucía." No le respondo. La ignoro. Tal vez piense que estoy dormida. "¡Qué suerte tengo de estar contigo como compañera de habitación, así será más divertido estar en el hospital! No sé si me escucharás, pero me gustaría ser tu amiga."  La miro de reojo. Ella no se da cuenta. Es una niña de unos diez u once años, tal vez un poco más pues se encuentra muy delgada y encogida. En sus pupilas brilla una felicidad que a mí me fue arrebatada. Me hace sonreír con su inocencia. Entonces noto que el pañuelo que oculta su cabeza, tapa la falta de cabello. "Me ll...

Día 1. Primer día de vida.

No dés media vuelta. No lo hagas, porque ese pasado que no terminó de cicatrizar, podría volver a sangrar. En cualquier momento. Aquí y ahora. No gires la cabeza, no evoques nada. Es lo mejor. Sigue hacia delante. Hoy y siempre. No recuerdes, pero tampoco olvides. No caigas en ese túnel oscuro y sin salida de nuevo, tardaste mucho la primera vez en encontrar la salida. En esta ocasión probablemente permanecerías errando entre tinieblas... Fue lo primero que escribí en el diario que me regalaron. Mis padres estaban desesperados porque no hablaba y no sabían qué hacer. Yo ya estaba más tranquila conmigo misma... aunque no era capaz de expresar mis pensamientos en voz alta. Pues creía que si lo hacía, volverían a mí todos los fantasmas y sus murmullos a mi cabeza. Tenía miedo. (Continuará)