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Ritmos invernales (VII)

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Nevada de Rigas Kappatos (Poemas de Mar y Tierra) Con tanta nieve nos podríamos haber perdido, O, tal vez, no nos habríamos encontrado nunca. ¿Cómo circular? Otra vez está nevando. En las calles no hay nadie. Y la nieve sube y sigue cayendo y sube como el silencio que mientras dure  no se puede medir.

Ritmos invernales (VI)

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Noche y nieve de José Emilio Pacheco Me asomé a la ventana y en lugar de jardín hallé la noche  enteramente constelada de nieve La nieve hace tangible el silencio y es el desplome de la  luz y se apaga La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que  deja caer millones de signos de interrogación sobre el mundo

Ritmos invernales (III)

Jardín de invierno de Pablo Neruda Llega el invierno. Espléndido dictado  me dan las lentas hojas  vestidas de silencio y amarillo.  Soy un libro de nieve,  una espaciosa mano, una pradera,  un círculo que espera,  pertenezco a la tierra y a su invierno.  Creció el rumor del mundo en el follaje,  ardió después el trigo constelado  por flores rojas como quemaduras,  luego llegó el otoño a establecer  la escritura del vino:  todo pasó, fue cielo pasajero  la copa del estío,  y se apagó la nube navegante.  Yo esperé en el balcón tan enlutado,  como ayer con las yedras de mi infancia,  que la tierra extendiera  sus alas en mi amor deshabitado.  Yo supe que la rosa caería  y el hueso del durazno transitorio  volvería a dormir y a germinar:  y me embriagué con la copa del aire  hasta que todo el mar se hizo nocturno ...

Ritmos invernales (II)

El invierno para beberlo de Vicente Huidobro El invierno ha llegado al llamado de alguien Y las miradas emigran hacia los calores conocidos Esta noche el viento arrastra sus chales de viento Tejed queridos pájaros míos un techo de cantos sobre las avenidas Oíd crepitar el arcoiris mojado Bajo el peso de los pájaros se ha plegado La amargura teme a las interperies Pero nos queda un poco de ceniza del ocaso Golondrinas de mi pecho qué mal hacéis Sacudiendo siempre ese abanico vegetal Seducciones de antesala en grado de aguardiente Alejemos en seguida el coche de las nieves Bebo lentamente tus miradas de justas calorías El salón se hincha con el vapor de las bocas Las miradas congeladas cuelgan de la lámpara Y hay moscas Sobre los suspiros petrificados Los ojos están llenos de un líquido viajero Y cada ojo tiene un perfume especial El silencio es una planta que brota al interior Si el corazón conserva su calefacción igual Afuera ...