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Ritmos invernales (VII)

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Nevada de Rigas Kappatos (Poemas de Mar y Tierra) Con tanta nieve nos podríamos haber perdido, O, tal vez, no nos habríamos encontrado nunca. ¿Cómo circular? Otra vez está nevando. En las calles no hay nadie. Y la nieve sube y sigue cayendo y sube como el silencio que mientras dure  no se puede medir.

Tus manos y las mías robarán las estrellas

La rama robada de Pablo Neruda En la noche entraremos a robar una rama florida. Pasaremos el muro, en las tinieblas del jardín ajeno, dos sombras en la sombra. Aún no se fue el invierno, y el manzano aparece convertido de pronto en cascada de estrellas olorosas. En la noche entraremos hasta su tembloroso firmamento, y tus pequeñas manos y las mías robarán las estrellas. Y sigilosamente, a nuestra casa, en la noche y en la sombra, entrará con tus pasos el silencioso paso del perfume y con pies estrellados el cuerpo claro de la primavera.

Ritmos invernales (VI)

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Noche y nieve de José Emilio Pacheco Me asomé a la ventana y en lugar de jardín hallé la noche  enteramente constelada de nieve La nieve hace tangible el silencio y es el desplome de la  luz y se apaga La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que  deja caer millones de signos de interrogación sobre el mundo

In the midst of winter

"Au milieu de l'hiver, j'apprenais enfin qu'il y avait en moi un été invincible." "In the midst of winter, I found there was, within me, an invincible summer." "En medio del invierno, descubrí que había en mí un verano invencible.” Albert Camus

Ritmos invernales (V)

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  Pensando en marzo de Eloy Sánchez Rosillo En su momento, marzo volverá, según los calendarios nos indican. Y no es que piense yo que no sea cierto que ha de ocurrir su vuelta. Sin embargo, cuánto lo echo de menos esta tarde de mediados de enero. Se diría  fábula en la memoria e ilusión de todo el bien posible. Uno no ignora que existe el sol, que hay pájaros, abejas, tardes que paulatinas van creciendo, rosas, cielos azules y muchachas de ojos irresistibles y de andares muy peligrosos para los que miran sin tomar precauciones. Pero es misterio que confluya todo eso -y tan intensamente, y tan de golpe- en un punto del año, que se junte y se funda en seguida en una cosa que es más que cada cosa y es milagro hecho ante nuestro asombro. Sí, parece que marzo ha de volver, y así lo dicen los almanaques, la experiencia y quienes saben del mundo y de sus movimientos, de estaciones, de ciclos. Aunque yo, desde este exilio que...

Ritmos invernales (IV)

Canción de Invierno de Manuel Machado Los días están tristes y la gente se muere, y cae la lluvia sucia de las nubes de plomo ... Y la ciudad no sabe lo que le pasa, como el pobre corazón no sabe lo que quiere. Es el invierno, oscuro túnel, húmedo encierro por donde marcha, a tientas, nuestro pobre convoy. Y nos tiene amarrados a la vida de hoy, como un amor que tira de su cadena al perro. Luto, lluvia, recuerdo. Triste paz y luz pobre. Cerremos la ventana a este cielo de cobre. Encendamos la lámpara en los propios altares ... Y tengamos, en estas horas crepusculares, una mujer al lado, en el hogar un leño ..., y un libro que nos lleve desde la prosa al sueño.

Ritmos invernales (III)

Jardín de invierno de Pablo Neruda Llega el invierno. Espléndido dictado  me dan las lentas hojas  vestidas de silencio y amarillo.  Soy un libro de nieve,  una espaciosa mano, una pradera,  un círculo que espera,  pertenezco a la tierra y a su invierno.  Creció el rumor del mundo en el follaje,  ardió después el trigo constelado  por flores rojas como quemaduras,  luego llegó el otoño a establecer  la escritura del vino:  todo pasó, fue cielo pasajero  la copa del estío,  y se apagó la nube navegante.  Yo esperé en el balcón tan enlutado,  como ayer con las yedras de mi infancia,  que la tierra extendiera  sus alas en mi amor deshabitado.  Yo supe que la rosa caería  y el hueso del durazno transitorio  volvería a dormir y a germinar:  y me embriagué con la copa del aire  hasta que todo el mar se hizo nocturno ...

Ritmos invernales (II)

El invierno para beberlo de Vicente Huidobro El invierno ha llegado al llamado de alguien Y las miradas emigran hacia los calores conocidos Esta noche el viento arrastra sus chales de viento Tejed queridos pájaros míos un techo de cantos sobre las avenidas Oíd crepitar el arcoiris mojado Bajo el peso de los pájaros se ha plegado La amargura teme a las interperies Pero nos queda un poco de ceniza del ocaso Golondrinas de mi pecho qué mal hacéis Sacudiendo siempre ese abanico vegetal Seducciones de antesala en grado de aguardiente Alejemos en seguida el coche de las nieves Bebo lentamente tus miradas de justas calorías El salón se hincha con el vapor de las bocas Las miradas congeladas cuelgan de la lámpara Y hay moscas Sobre los suspiros petrificados Los ojos están llenos de un líquido viajero Y cada ojo tiene un perfume especial El silencio es una planta que brota al interior Si el corazón conserva su calefacción igual Afuera ...

Ritmos invernales (I)

Las tardes de enero de Juan Ramón Jiménez Va cayendo la noche: La bruma ha bajado a los montes el cielo: Una lluvia menuda y monótona humedece los árboles secos. El rumor de sus gotas penetra hasta el fondo sagrado del pecho, donde el alma, dulcísima, esconde su perfume de amor y recuerdos. ¡Cómo cae la bruma en en alma! ¡Qué tristeza de vagos misterios en sus nieblas heladas esconden esas tardes sin sol ni luceros! En las tardes de rosas y brisas los dolores se olvidan, riendo, y las penas glaciales se ocultan tras los ojos radiantes de fuego. Cuando el frío desciende a la tierra, inundando las frentes de invierno, se reflejan las almas marchitas a través de los pálidos cuerpos. Y hay un algo de pena insondable en los ojos sin lumbre del cielo, y las largas miradas se pierden en la nada sin fe de los sueños. La nostalgia, tristísima, arroja en las almas su amargo silencio, Y los niños se duermen soñando con ladrones y lobos ha...