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El miedo nos manda

El Miedo Manda de Eduardo Galeano Habitamos un mundo gobernado por el miedo, el miedo manda, el poder come miedo, ¿qué sería del poder sin el miedo? Sin el miedo que el propio poder genera para perpetuarse. El hambre desayuna miedo.  El miedo al silencio que aturde las calles.  El miedo amenaza.  Si usted ama tendrá sida.  Si fuma tendrá cáncer.  Si respira tendrá contaminación.  Si bebe tendrá accidentes.  Si come tendrá colesterol.  Si habla tendrá desempleo.  Si camina tendrá violencia.  Si piensa tendrá angustia.  Si duda tendrá locura.  Si siente tendrá soledad.

Planeando sobre el viento

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Pudiera ser que la gaviota ignora su capacidad de volar. Lleva tanto tiempo caminando o dando saltitos que se le olvidó cómo desplegar las alas. Y entonces avista el cielo, pensativa, anhelando alcanzar los rayos del sol que emergen entre las nubes de lluvia. Quisiera dejarse mecer por ellos mientras le hacen entrar en calor. Es su propia sombra la que le hace creer que se encuentra encadenada al suelo, transmitiéndole el miedo al abandono si se marcha y la deja atrás. Como si la soledad fuera una prisión, cuando es la que, de verdad, te regala alas para soñar, la que te proporciona imaginación para pensar.  Tal vez se atreva a huir del reflejo de un astro, que no calienta el corazón, saliendo del espejo. Podrá recordar en ese instante cómo se planea sobre el viento, cómo se vive lejos de la tierra.

Día 1. Primer día de vida.

No dés media vuelta. No lo hagas, porque ese pasado que no terminó de cicatrizar, podría volver a sangrar. En cualquier momento. Aquí y ahora. No gires la cabeza, no evoques nada. Es lo mejor. Sigue hacia delante. Hoy y siempre. No recuerdes, pero tampoco olvides. No caigas en ese túnel oscuro y sin salida de nuevo, tardaste mucho la primera vez en encontrar la salida. En esta ocasión probablemente permanecerías errando entre tinieblas... Fue lo primero que escribí en el diario que me regalaron. Mis padres estaban desesperados porque no hablaba y no sabían qué hacer. Yo ya estaba más tranquila conmigo misma... aunque no era capaz de expresar mis pensamientos en voz alta. Pues creía que si lo hacía, volverían a mí todos los fantasmas y sus murmullos a mi cabeza. Tenía miedo. (Continuará)