Tacones de aguja
Pasos envueltos por el silencio de la soledad. Imagen fugaz. Tacones de aguja. Música de jazz. Cabello rubio. Un solo de saxo. Un crujir suave, leve, apenas perceptible, de las tablas de una falda al entrecruzar las piernas. Se sienta enfrente del espejo. Aún no ha terminado de maquillarse. Suspira intentando relajarse mientas da una última calada al cigarrillo que apagará en un cenicero momentos después. Levanta la mirada y sonríe a su propio reflejo. Ha de ponerse guapa para la cita de esa noche. Labios pintados de rojo, un sensual color negro enmarca sus ojos, los envuelve en una niebla que los antoja lejanos, llenos de misterio. La canción sigue sonando. Un insinuante escote luce sus pequeños pechos. Está nerviosa. Corre por sus venas el arte de la seducción, que han obtenido generaciones y generaciones de mujeres antes que ella, durante siglos de práctica. Es un instinto que mezcla con lo aprendido en susurros y noches de juerga. Sabe como deslizar las caderas a cada lado ...