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Mostrando las entradas etiquetadas como poesía de otoño

Poesía de otoño (IX): Alfonsina Storni

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 Dolor de Alfonsina Storni Quisiera esta tarde divina de octubre pasear por la orilla lejana del mar; que la arena de oro, y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar. Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, como una romana, para concordar con las grandes olas, y las rocas muertas y las anchas playas que ciñen el mar. Con el paso lento, y los ojos fríos y la boca muda, dejarme llevar; ver cómo se rompen las olas azules contra los granitos y no parpadear; ver cómo las aves rapaces se comen los peces pequeños y no despertar; pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse en las aguas y no suspirar; ver que se adelanta, la garganta al aire, el hombre más bello, no desear amar... Perder la mirada, distraídamente, perderla y que nunca la vuelva a encontrar: y, figura erguida, entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar.

Poesía de otoño (VIII): Diciembre

Diciembre de Susana March Si un día rompo a cantar, todo cantará conmigo. Esta mudez de los campos se rasgará con mi grito. Las nubes vagan sin prisa desnudándome el camino. ¡Qué desolado horizonte en este mes de los fríos! Hay un revuelo de escarcha sobre los jóvenes pinos. Diciembre levanta un cáliz de pájaros en exilio. Yo dormida, voy soñando dulces lares encendidos...

Poesía de otoño (VII): Noviembre

NOVIEMBRE (Libro de Poemas, 1921) de Federico García Lorca Noviembre de 1920 Todos los ojos estaban abiertos frente a la soledad despintada por el llanto. Tin tan, tin tan. Los verdes cipreses guardaban su alma arrugada por el viento, y las palabras como guadañas segaban almas de flores. Tin tan, tin tan. El cielo estaba marchito. ¡Oh tarde cautiva por las nubes, esfinge sin ojos! Obeliscos y chimeneas hacían pompas de jabón. Tin tan, tin tan. Los ritmos se curvaban y se curvaba el aire, guerreros de niebla hacían de los árboles catapultas. Tin tan, tin tan. ¡Oh tarde, tarde de mi otro beso! Tema lejano de mi sombra, ¡sin rayo de oro! Cascabel vacío. Tarde desmoronada sobre piras de silencio. Tin tan, tin tan.

Poesía de otoño (VI): Una elegía

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Elegía de otoño de Leopoldo de Luis Las hojas del otoño flotan sobre tu brisa y caen en el estanque solitario del alma. Un dolor de ser otros parece que nos pesa como unas rotas alas. (Acaso nunca el hombre es él mismo.) Escuchamos la voz honda del tiempo, la palabra del tiempo que en los labios cobrizos del otoño pone su dejo antiguo, su amarillez, y pasa. Escuchamos el tiempo pasar: es un rebaño invisible que pisa por la hierba mojada; es una larga ronda de vientos tañedores entre las flautas rojas de las ramas; es una herida queja de líquidos metales por fugitivos corazones de agua. Escuchamos el tiempo y apretamos los párpados y sentimos el tiempo en nuestras lágrimas. El otoño que arde con su lumbre de gloria presta a las cosas luz misteriosa y dorada; toda la tierra tiene una triste hermosura como una dulce evocación de infancia. También otoño el corazón nos dora y sus hondos paisajes nos enciende en el alma y nos sentim...

Poesía de otoño (V): Leopoldo de Luis

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Poema para Octubre de Leopoldo de Luis La tarde es una rosa vagamente en la rama desnuda del ocaso. Una rosa ceniza, como un frío beso crecido en unos muertos labios. Leve sombra desliza su palidez de hielo entre mis manos. Las pupilas alargan sus miradas como cautivos pájaros. Octubre otra vez fruto de este paisaje, este árbol donde día tras día oscuramente mi pobre corazón se va quedando. Vivir es reencontrarse en todo lo lejano, ser otra vez aliento en el paisaje que fue otra vez soñado. Vivir es ser corteza de este roble que en hielo y sol el tiempo va quemando. El mar de la memoria se enciende, se ilumina, y a su amparo el corazón revive, remoza primaveras, sollozando. La tarde es una rosa vagamente en la rama desnuda del ocaso. A la piadosa luz de octubre vuelvo y entre la tibia cuenca de mis manos como un niño dormido mi corazón levanto. Vivir es retornar a cada Octubre para sentirse el corazón do...

Poesía de otoño (IV): El sol de octubre

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El sol de octubre de José Hierro El sol de octubre ciñe al paisaje maduro. Otorga a lo que vive su plenitud de fruto. El aire se hace de oro, se enjoya de susurros, panal de los dulzores, reino del ritmo puro, melodía de flauta que derrumba lo oscuro, entra por la ventana, dibuja desde el júbilo seres con sosegada vocación de desnudo, criaturas del gozo que llegan desde el otro mundo.

Yo quiero ser diciembre

Canción 19 horas de Luis García Montero ¿Quién habla del amor? Yo tengo frío y quiero ser diciembre. Quiero llegar a un bosque apenas sensitivo, hasta la maquinaria del corazón sin saldo. Yo quiero ser diciembre. Dormir en la noche sin vida, en la vida sin sueños, en los tranquilizados sueños que desembocan al río del olvido. Hay ciudades que son fotografías nocturnas de ciudades. Yo quiero ser diciembre. Para vivir al norte de un amor sucedido, bajo el beso sin labios de hace ya mucho tiempo, yo quiero ser diciembre. Como el cadáver blanco de los ríos, como los minerales del invierno, yo quiero ser diciembre.

Poesía de otoño (III)

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Rima II de Gustavo Adolfo Bécquer Saeta que voladora cruza arrojada al azar, y que no sabe dónde temblando se clavará; hoja que del árbol seca arrebata el vendaval, sin que nadie acierte el surco donde al polvo volverá; gigante ola que el viento riza y empuja en el mar, y rueda y pasa, y se ignora qué playa buscando va; luz que en cercos temblorosos brilla próxima a expirar y que no se sabe de ellos cuál el último será; eso soy yo que al acaso cruzo el mundo sin pensar de dónde vengo ni adónde mis pasos me llevarán.

Poesía de otoño (II)

Jon Juaristi, "Cambra de la tardor" Aquí llega el otoño, con su voz de ceniza, desalentando sueños, cubriendo de hojarasca las imágenes rotas que el corazón conoce.

Poesía de otoño (I)

A tientas de Mario Benedetti Se retrocede con seguridad pero se avanza a tientas uno adelanta manos como un ciego ciego imprudente por añadidura pero lo absurdo es que no es ciego y distingue el relámpago la lluvia los rostros insepultos la ceniza la sonrisa del necio las afrentas un barrunto de pena en el espejo la baranda oxidada con sus pájaros la opaca incertidumbre de los otros enfrentada a la propia incertidumbre se avanza a tientas / lentamente por lo común a contramano de los convictos y confesos en búsqueda tal vez de amores residuales que sirvan de consuelo y recompensa o iluminen un pozo de nostalgias se avanza a tientas/ vacilante no importan la distancia ni el horario ni que el futuro sea una vislumbre o una pasión deshabitada a tientas hasta que una noche se queda uno sin cómplices ni tacto y a ciegas otra vez y para siempre se introduce en un túnel o destino que no se sabe dónde acaba.