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Quién sabe

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Creemos ser ese reflejo inverso que nos devuelve ese cristal en el que nos contemplamos todas las mañanas. ¿Acaso es así? ¿Somos de verdad fieles copias de nuestra propia imagen? ¿O son meras patrañas? Tal vea esas figuras, que entran por las pupilas de nuestros congéneres, se encuentren algo distorsionadas. O a lo mejor es el caso contrario, pudiera ser que la idea que percibimos por nuestros sentidos sea la deformada. O ninguna. O ambas situaciones. Quién sabe.

Los espejos según Borges

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Los espejos de Jorge Luis Borges Yo que sentí el horror de los espejos No sólo ante el cristal impenetrable Donde acaba y empieza, inhabitable, un imposible espacio de reflejos Sino ante el agua especular que imita El otro azul en su profundo cielo Que a veces raya el ilusorio vuelo Del ave inversa o que un temblor agita Y ante la superficie silenciosa Del ébano sutil cuya tersura Repite como un sueño la blancura De un vago mármol o una vaga rosa, Hoy, al cabo de tantos y perplejos Años de errar bajo la varia luna, Me pregunto qué azar de la fortuna Hizo que yo temiera los espejos. Espejos de metal, enmascarado Espejo de caoba que en la bruma De su rojo crepúsculo disfuma Ese rostro que mira y es mirado, Infinitos los veo, elementales Ejecutores de un antiguo pacto, Multiplicar el mundo como el acto Generativo, insomnes y fatales. Prolongan este vano mundo incierto En su vertiginosa telaraña; A veces en la tarde ...

Soy mi propio reflejo

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Estoy dentro de un sueño, o tal vez una pesadilla. No lo sé. Extraña, inquietante. Me miro a mí misma, pero no soy quien hace los movimientos, sino que me imito. Me encuentro dentro de un espejo. Infinito, eterno. Intento hablar, gritar para poder escapar. Soy incapaz. Mi supuesto verdadero yo sonríe por mis propias limitaciones. Sonrisa que, en mi cara, se me antoja como una mueca cruel. Duele. Entonces mi otro yo deja de mirarme directamente a los ojos y se marcha. A vivir mi vida. Impotente, intento llorar. Solamente consigo que mi corazón se acelere un poco. Nada más.  Soy mi propio reflejo. Una sombra que se tendrá que conformar con ser una espectadora de su presente. Sin poder respirar.