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Primero de Enero

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Primero de Enero de Octavio Paz Las puertas del año se abren, como las del lenguaje, hacia lo desconocido. Anoche me dijiste: mañana habrá que trazar unos signos, dibujar un paisaje, tejer una trama sobre la doble página del papel y del día. Mañana habrá que inventar, de nuevo, la realidad de este mundo. Ya tarde abrí los ojos. Por el segundo de un segundo sentí lo que el azteca, acechando desde el peñón del promontorio, por las rendijas de los horizontes, el incierto regreso del tiempo. No, el año había regresado. Llenaba todo el cuarto y casi lo palpaban mis miradas. El tiempo, sin nuestra ayuda, había puesto, en un orden idéntico al de ayer, casas en la calle vacía, nieve sobre las casas, silencio sobre la nieve. Tú estabas a mi lado, aún dormida. El día te había inventado pero tú no aceptabas todavía tu invención en este día. Quizá tampoco la mía. Tú estabas en otro día. Estabas a mi lado y yo te veía,...

Ritmos invernales (V)

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  Pensando en marzo de Eloy Sánchez Rosillo En su momento, marzo volverá, según los calendarios nos indican. Y no es que piense yo que no sea cierto que ha de ocurrir su vuelta. Sin embargo, cuánto lo echo de menos esta tarde de mediados de enero. Se diría  fábula en la memoria e ilusión de todo el bien posible. Uno no ignora que existe el sol, que hay pájaros, abejas, tardes que paulatinas van creciendo, rosas, cielos azules y muchachas de ojos irresistibles y de andares muy peligrosos para los que miran sin tomar precauciones. Pero es misterio que confluya todo eso -y tan intensamente, y tan de golpe- en un punto del año, que se junte y se funda en seguida en una cosa que es más que cada cosa y es milagro hecho ante nuestro asombro. Sí, parece que marzo ha de volver, y así lo dicen los almanaques, la experiencia y quienes saben del mundo y de sus movimientos, de estaciones, de ciclos. Aunque yo, desde este exilio que...

Ritmos invernales (I)

Las tardes de enero de Juan Ramón Jiménez Va cayendo la noche: La bruma ha bajado a los montes el cielo: Una lluvia menuda y monótona humedece los árboles secos. El rumor de sus gotas penetra hasta el fondo sagrado del pecho, donde el alma, dulcísima, esconde su perfume de amor y recuerdos. ¡Cómo cae la bruma en en alma! ¡Qué tristeza de vagos misterios en sus nieblas heladas esconden esas tardes sin sol ni luceros! En las tardes de rosas y brisas los dolores se olvidan, riendo, y las penas glaciales se ocultan tras los ojos radiantes de fuego. Cuando el frío desciende a la tierra, inundando las frentes de invierno, se reflejan las almas marchitas a través de los pálidos cuerpos. Y hay un algo de pena insondable en los ojos sin lumbre del cielo, y las largas miradas se pierden en la nada sin fe de los sueños. La nostalgia, tristísima, arroja en las almas su amargo silencio, Y los niños se duermen soñando con ladrones y lobos ha...