Para enfrentar el miedo
Para enfrentar el miedo, me preguntaba qué debía hacer... ¿Dormir más arropada como cuando era pequeña y de esa manera sentirme protegida de los monstruos de la oscuridad? ¿Ir corriendo a la cama de mamá y papá y escabullirme entre las sábanas de mis pesadillas más feroces? ¿Contar ovejitas? Jamás escuché cosa más absurda qué numerar borregos. Aunque mi protección contra los fantasmas exteriores o interiores se solucionaba con un edredón como escudo ante el dragón, o la paciencia infinita de unos padres cuyo abrazo era la mejor panacea. Pero enfrentar el miedo cuando me hice mayor ya no fue tan fácil como al ser niña. Nadie nos enseñó los comecocos del mundo de los adultos ni cómo sobreponernos a ellos. Entonces fue cuando la vida comenzaba a dar golpes e ir dando tumbos, sin saber muy bien cómo actuar o reaccionar. Para enfrentar el miedo, me preguntaba qué debía hacer... ¿Huir? No era posible. ¿Dejar el problema para otro momento? Tal vez, sin embargo, resurgiría antes o desp...