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Nostalgia grande

Nostalgia grande de Juan Ramón Jiménez Hojita verde con sol, tú sintetizas mi afán; afán de gozarlo todo, de hacerme en todo inmortal.

Ser distinto

Distinto de Juan Ramón Jiménez Lo querían matar los iguales porque era distinto. Si veis un pájaro distinto, tiradlo; si veis un monte distinto, caedlo; si veis un camino distinto, cortadlo; si veis una rosa distinta, deshojadla; si veis un río distinto, cegadlo. Si veis a un hombre distinto, matadlo. ¿Y el sol y la luna dando en lo distinto? Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir distinto de lo distinto; lo que seas, que eres distinto (monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre): si te descubren los iguales, huye a mí, ven a mi ser, mi frente, mi corazón distintos.

Ecuador de Benjamín Prado

Ecuador de Benjamín Prado Hace falta la noche para ver las estrellas. Igual que ayer, hoy busco -lo dijo Juan Ramón- "una verdad aún sin realidad"; busco en la tinta verde de todo lo que escribo un planeta sin nombre o una jungla perdida. Y hace falta la noche. Yo me siento en las sombras, prendo un fósforo, tallo mis esmeraldas, construyo mis panales. Todo es igual y todo es diferente. La vida, que fue un río, es ahora un océano, el pasado es la arena y el agua es el futuro. Hace falta la noche. Todo está en mí lo mismo que un clavo en la madera: cada paso en la nieve, cada luz apagada, cada piel encendida.

Somos seres solitarios (I): la versión de Juan Ramón Jiménez

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Soledad de Juan Ramón Jiménez En ti estás todo, mar, y sin embargo,  ¡qué sin ti estás, qué solo,  qué lejos, siempre, de ti mismo! Abierto en mil heridas, cada instante,  cual mi frente,  tus olas van, como mis pensamientos,  y vienen, van y vienen,  besándose, apartándose,  en un eterno conocerse,  mar, y desconocerse. Eres tú, y no lo sabes,  tu corazón te late y no lo siente... ¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!

Un poema para el Día del Libro

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Quisiera que mi libro de Juan Ramón Jiménez Quisiera que mi libro fuese, como es el cielo por la noche, todo verdad presente, sin historia. Que, como él, se diera en cada instante, todo, con todas sus estrellas; sin que, niñez, juventud, vejez, quitaran ni pusieran encanto a su hermosura inmensa. ¡Temblor, relumbre, música presentes y totales! ¡Temblor, relumbre, música en la frente -cielo del corazón- del libro puro!

Ritmos invernales (I)

Las tardes de enero de Juan Ramón Jiménez Va cayendo la noche: La bruma ha bajado a los montes el cielo: Una lluvia menuda y monótona humedece los árboles secos. El rumor de sus gotas penetra hasta el fondo sagrado del pecho, donde el alma, dulcísima, esconde su perfume de amor y recuerdos. ¡Cómo cae la bruma en en alma! ¡Qué tristeza de vagos misterios en sus nieblas heladas esconden esas tardes sin sol ni luceros! En las tardes de rosas y brisas los dolores se olvidan, riendo, y las penas glaciales se ocultan tras los ojos radiantes de fuego. Cuando el frío desciende a la tierra, inundando las frentes de invierno, se reflejan las almas marchitas a través de los pálidos cuerpos. Y hay un algo de pena insondable en los ojos sin lumbre del cielo, y las largas miradas se pierden en la nada sin fe de los sueños. La nostalgia, tristísima, arroja en las almas su amargo silencio, Y los niños se duermen soñando con ladrones y lobos ha...