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Mostrando las entradas etiquetadas como noche

Comienza la Odisea (I): La noche antes del viaje

La noche antes del viaje de Carlos Marzal Deseo lo que habrá de venir, pero aún deseo más que lo que haya de ser sea un recuerdo, otro nuevo episodio que permita, en un breve futuro, distintas noches previas al día de partida, puesto que en esas horas el vivir se descubre con una fuerza extraña que el viaje no conoce, y que el deseo nunca podría contener. La vida antes del viaje no parece vida, sino un ofrecimiento imposible de ser ya defraudado. Nuestras fieles rutinas no conciernen a quien se marchará, y el día de mañana, inabarcable, excita los sentidos, aviva la esperanza y nos impide el sueño. El tiempo cotidiano, aunque nos pertenezca, en el recuerdo es torpe, y ese distinto tiempo que se aguarda tiene un lugar para creer posible que otra será la vida que suceda. Más próxima a la idea que tenemos La noche antes del viaje. Todavía unas horas demoran la partida y ya quiero volver para esperar de nuevo.

Reflejos oníricos (VI): Hacia la noche

Hacia la noche de Philippe Soupault Es tarde en la sombra y en el viento un grito asciende con la noche No espero a nadie a nadie ni siquiera a un recuerdo Hace ya tiempo que pasó la hora pero ese grito que lleva el viento y empuja hacia adelante viene de un lugar que está más allá por encima del sueño No espero a nadie pero aquí está la noche coronada por el fuego de los ojos de todos los muertos silenciosos Y todo lo que debía desaparecer todo lo perdido hay que volver a encontrarlo por encima del sueño hacia la noche.

Primavera con una esquina rota (II): La noche no tiene paredes

La noche no tiene paredes de José Manuel Caballero Bonald Doy la vuelta a la noche, entro en su cámara inversa, en su hondonada de humo, en la oquedad contraria a la pared del aire, justo donde convergen las distancias que nunca se han juntado, las libertades más difíciles, hasta que de improviso encuentro allí consecutivamente el germen, la incitante demarcación del laberinto con su luz primordial, su punitiva complicidad con la justicia, esa insistencia soberana en la celebración de estar viviendo.

Tus manos y las mías robarán las estrellas

La rama robada de Pablo Neruda En la noche entraremos a robar una rama florida. Pasaremos el muro, en las tinieblas del jardín ajeno, dos sombras en la sombra. Aún no se fue el invierno, y el manzano aparece convertido de pronto en cascada de estrellas olorosas. En la noche entraremos hasta su tembloroso firmamento, y tus pequeñas manos y las mías robarán las estrellas. Y sigilosamente, a nuestra casa, en la noche y en la sombra, entrará con tus pasos el silencioso paso del perfume y con pies estrellados el cuerpo claro de la primavera.

Ritmos invernales (VI)

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Noche y nieve de José Emilio Pacheco Me asomé a la ventana y en lugar de jardín hallé la noche  enteramente constelada de nieve La nieve hace tangible el silencio y es el desplome de la  luz y se apaga La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que  deja caer millones de signos de interrogación sobre el mundo

Me gusta andar de noche... por Concha Méndez

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Me gusta andar de noche... de Concha Méndez Me gusta andar de noche las ciudades desiertas,  cuando los propios pasos se oyen en el silencio. Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido, es sentir que se pasa por entre un mundo inmenso. Todo cobra relieve: una ventana abierta, una luz, una pausa, un suspiro, una sombra... Las calles son más largas, el tiempo también crece. ¡Yo alcancé a vivir siglos andando algunas horas!

Ecuador de Benjamín Prado

Ecuador de Benjamín Prado Hace falta la noche para ver las estrellas. Igual que ayer, hoy busco -lo dijo Juan Ramón- "una verdad aún sin realidad"; busco en la tinta verde de todo lo que escribo un planeta sin nombre o una jungla perdida. Y hace falta la noche. Yo me siento en las sombras, prendo un fósforo, tallo mis esmeraldas, construyo mis panales. Todo es igual y todo es diferente. La vida, que fue un río, es ahora un océano, el pasado es la arena y el agua es el futuro. Hace falta la noche. Todo está en mí lo mismo que un clavo en la madera: cada paso en la nieve, cada luz apagada, cada piel encendida.

Oda a un reloj en la noche de Pablo Neruda

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Oda a un reloj en la noche de Pablo Neruda En la noche, en tu mano brilló como luciérnaga mi reloj. Oí su cuerda: como un susurro seco salía de tu mano invisible. Tu mano entonces volvió a mi pecho oscuro a recoger mi sueño y su latido. El reloj siguió cortando el tiempo con su pequeña sierra. Como en un bosque caen fragmentos de madera, mínimas gotas, trozos de ramajes o nidos, sin que cambie el silencio, sin que la fresca oscuridad termine, así siguió el reloj cortando desde tu mano invisible, tiempo, tiempo, y cayeron minutos como hojas, fibras de tiempo roto, pequeñas plumas negras. Como en el bosque olíamos raíces, el agua en algún sitio desprendía una gotera gruesa como una uva mojada. Un pequeño molino molía noche, la sombra susurraba cayendo de tu mano y llenaba la tierra. Polvo, tierra, distancia molía y molía mi reloj en la noche, desde tu mano. Yo puse mi brazo bajo tu cu...

Una dama de noche

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El balcón estaba aletargado con el aroma de sus propias plantas. Aunque la que más hacía olvidar la realidad con su fragancia era la dama de noche, sutil y traicionera. Entre las cortinas blancas ella se escabullía a la habitación, donde Gema dormía placenteramente y era ajena al trastorno, a la conmoción que la flor causaba a su alrededor. Se había apoderado del lugar, ella era la reina. El jazmín, las rosas, eran más tímidas cuando el sol se había difuminado entre las sombras, porque parecía que la oscuridad les ocasionaba miedo; buscaban al astro entre sollozos, necesitaban de su luz y de su calor acogedor para sobrevivir. Era entonces el momento justo en el que la dama de noche se alzaba, majestuosa, dueña de sí misma, amante de la luna, pero solitaria, princesa recluida. Gema se despertó sobresaltada. Habría asegurado que alguien le había susurrado algo en el oído. No se hallaba muy desencaminada de la verdad. La señora de la vigilia, le había estado murmurando su histor...

Una cortina de agua

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Una cortina de agua cae eterna ante el mutismo de la noche. Y solamente quiero acariciarla con mis manos para sentir su fría presencia, rauda, veloz, perfecta. Ella me aísla de la realidad con la melodía rítmica con la que desciende. Y la contemplo extasiado.