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Un estío perezoso (V): Gloria Fuertes

Todo el pasado de Gloria Fuertes Todo el pasado se quiere apoderar de mí y yo me quiero apoderar del futuro, me dislocan la cabeza para que mire atrás y yo quiero mirar adelante. No me asustan la soledad y el silencio, son los lugares preferidos de Dios para manifestarse. Mi eterna gratitud a los que me quieren, siempre les recordaré a la hora del sol. No puedo detenerme, perdonad, tengo prisa, soy un río de fuerza, si me detengo moriré ahogada en mi propio remanso.

Viajar, volver, regresar (IV): Jaime Gil de Biedma

Volver de  Jaime Gil de Biedma     Mi recuerdo eran imágenes, en el instante, de ti: esa expresión y un matiz de los ojos, algo suave en la inflexión de tu voz, y tus bostezos furtivos de lebrel que ha maldormido la noche en mi habitación. Volver, pasados los años, hacia la felicidad —para verse y recordar que yo también he cambiado.

Entre cigarrillos

Notar cómo las lágrimas intentan escapar por todos los poros de tu piel. No querer evocar el presente que viviste ese otro día, y que parece que fue ayer. Esquivar los recuerdos con mentiras. Engañarte a ti misma porque crees que así sufrirás menos, cuando lo único que logras es que supure más la herida. Una imagen en el espejo con los ojos hinchados por el llanto y nariz de payaso. Y lo peor de todo, sentirte sola cuando estás rodeada de gente por todos lados. Y acabar sumergiéndote en el silencio, como siempre, ya que tu rebeldía se disipa con las bocanadas entre cigarrillos que exhala el abandono del olvido...

Día 1. Primer día de vida.

No dés media vuelta. No lo hagas, porque ese pasado que no terminó de cicatrizar, podría volver a sangrar. En cualquier momento. Aquí y ahora. No gires la cabeza, no evoques nada. Es lo mejor. Sigue hacia delante. Hoy y siempre. No recuerdes, pero tampoco olvides. No caigas en ese túnel oscuro y sin salida de nuevo, tardaste mucho la primera vez en encontrar la salida. En esta ocasión probablemente permanecerías errando entre tinieblas... Fue lo primero que escribí en el diario que me regalaron. Mis padres estaban desesperados porque no hablaba y no sabían qué hacer. Yo ya estaba más tranquila conmigo misma... aunque no era capaz de expresar mis pensamientos en voz alta. Pues creía que si lo hacía, volverían a mí todos los fantasmas y sus murmullos a mi cabeza. Tenía miedo. (Continuará)