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Escribir para sabernos vivos

Manteniéndome firme de  Zoraida Armengol Para que no se enojen las musas de las avenidas, escribo en mis tiempos libres; para mantenerme viva.  Para que no se aleje el salitre con alas vistiendo, escribo sobre el hermoso encanto; para seguir existiendo.  Para que no se arrepientan las luces tenues encendidas, escribo cuando nadie sabe; para continuar de pie, erguida. Para que no se espanten el ir y venir del quehacer, escribo con más ganas de antes; para vivir un poco más que ayer. Para que ambas a mí acudan, las lágrimas y la maravilla, escribo en fracciones de segundos; para saberme realmente viva.

Poesía de otoño (IX): Alfonsina Storni

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 Dolor de Alfonsina Storni Quisiera esta tarde divina de octubre pasear por la orilla lejana del mar; que la arena de oro, y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar. Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, como una romana, para concordar con las grandes olas, y las rocas muertas y las anchas playas que ciñen el mar. Con el paso lento, y los ojos fríos y la boca muda, dejarme llevar; ver cómo se rompen las olas azules contra los granitos y no parpadear; ver cómo las aves rapaces se comen los peces pequeños y no despertar; pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse en las aguas y no suspirar; ver que se adelanta, la garganta al aire, el hombre más bello, no desear amar... Perder la mirada, distraídamente, perderla y que nunca la vuelva a encontrar: y, figura erguida, entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar.

Desnudar el corazón (VI): Dame la mano y danzaremos

Dame la mano de Gabriela Mistral Dame la mano y danzaremos; dame la mano y me amarás. Como una sola flor seremos, como una flor, y nada más... El mismo verso cantaremos, al mismo paso bailarás. Como una espiga ondularemos, como una espiga, y nada más. Te llamas Rosa y yo Esperanza; pero tu nombre olvidarás, porque seremos una danza en la colina y nada más...

La libertad está en nuestra mente (II): Deseo de libertad

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Deseo de libertad de Teresa Aburto Uribe Déjame volar libre por los prados, déjame sentir las caricias del viento, quiero cabalgar encima de una nube acariciar el sol y perderme en el tiempo. Déjame escalar la colina más alta, déjame soñar que estoy sola en la montaña quiero descubrir un refugio solitario, quiero conocer de la libertad sus entrañas. Déjame  volar como lo hacen las gaviotas déjame llegar a la playa más hermosa, quiero dibujar en la arena mis sueños quiero dormirme y que me despierten las olas. Y déjame por fin, caminar con las estrellas y déjame sentir que soy como una de ellas, entonces al saber que todo ha terminado volveré para decirte, lo que quería, he soñado.

Reflejos oníricos (XVII): Estallará la isla del recuerdo

Sueño de Alejandra Pizarnik Estallará la isla del recuerdo La vida será un acto de candor Prisión para los días sin retorno Mañana los monstruos del bosque destruirán la playa sobre el vidrio del misterio Mañana la carta desconocida encontrará las manos del alma

Reflejos oníricos (XVI): Sueño de palabras

Sueño de palabras  de Julia de Burgos Honda, de ti, me inundo el corazón de voces, mientras tú duermes sueño de palabras... ¡Amado! ¡Qué estrellado va el cielo! La rosa de la noche en las calle me mece. Ecos de golondrinas se aquietan en la nube. La sombra va danzando su dolor por los muelles. El mar se sale al viento en perfume salvaje. El ideal a ratos se sacude y florece... (Tu sueño de palabras va perdiendo su sueño. Mi corazón se expande en canciones celestes...) ¡Amado! ¡Entre las nubes se acarician los lirios! ¡En los labios del viento las canciones se duermen! ¡Las estrellas se guardan su lenguaje de luces! ¡El silencio se viste de rosales y fuentes! ¡Viene el tiempo corriendo su locura de viaje! ¡Mi pasión está fresca! ¡Mi emoción está leve! (El sueño de palabras ha dejado tus labios). ¡No me hables! ¡Tus notas yo las quiero silvestres!

Reflejos oníricos (XII): ¿Sueño?

¿Sueño? de Juana de Ibarbourou ¡Beso que ha mordido mi carne y mi boca Con su mordedura que hasta el alma toca! ¡Beso que me sorbe lentamente vida Como una incurable y ardorosa herida! ¡Fuego que me quema sin mostrar la llama Y que a todas horas por más fuego clama! ¿Fue una boca bruja o un labio hechizado El que con su beso mi alma ha llagado? ¿Fue un sueño o vigilia que hasta mí llegó El que entre sus labios mi alma estrujó? Calzaré sandalias de bronce e iré Adonde esté el mago que cura me dé. ¡Secadme esta llaga, vendadme esta herida Que por ella en fuga se me va la vida!

Reflejos oníricos (IX): Soñar es ver la vida de otro modo

Soñar de José Ángel Buesa Soñar es ver la vida de otro modo, y es olvidar un poco lo que realmente es, un sueño es casi nada y más que todo, más que todo al soñarlo... casi nada después. Por eso yo no sé si mi sueño es sólo un sueño, yo no sé si algún día lo tocará mi mano y yo no sé, ni me importa, si es grande o si es pequeño pero mi sueño es sueño porque lo siento en vano.

Reflejos oníricos (VIII): Llantos nocturnos

Llantos nocturnos de Gloria Fuertes Soñé que estaba cuerda, me desperté y vi que estaba loca. Soñé que estaba cuerda, cuerda, tendida en mi ventana, y en mí habían puesto a secar las sábanas de mis llantos nocturnos. ¡Soñé que tenía un hijo! Me desperté y vi que era una broma. Soñé que estaba despierta, me desperté y vi que estaba dormida.

Palabras (XII): Yo me uno al silencio

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Silencio de Alejandra Pizarnik silencio yo me uno al silencio yo me he unido al silencio y me dejo hacer me dejo beber me dejo decir

Primavera con una esquina rota (III): Una pausa en su oficio

Una pausa en su oficio de María Victoria Atencia Por si el sueño no es más que un estado del alma, un instante carnal y una pausa en su oficio, confieso aquí que duele, el alma duele y suele dejarnos de su mano mientras reina la noche, la hermosa dama de cabello negro, acogedora premonición falaz de un más largo abandono, al que es preciso, sin embargo, entregarse por si el alma no es más que un estado del sueño.

Nunca nada nadie de Rosa Berbel

Nunca nada nadie de Rosa Berbel Me pregunto con cuánta de esta gente volveremos a estar o cuál será su nombre si tendrán esta rabia común por las malas jugadas de la vida o esta felicidad momentánea y dorada que atraviesa los parques y las manos si este espacio que ahora compartimos será mañana otro si mañana seremos quizá otros y nos conoceremos desde cero y no recordaremos el momento en que pisamos juntos estas plazas la canción que sonaba en aquel saxo aquel niño perdido que lloraba en el suelo o la belleza fugaz de los semáforos en los que todo el mundo se besaba. *Nunca, nada, nadie. Tres palabras terribles, sobre todo la última. Antonio Machado

Viaje inútil de Yolanda Bedregal

Viaje inútil de Yolanda Bedregal Para qué el mar? Para qué el sol? Para qué el cielo? Estoy de viaje hoy día en viaje de retorno hacia aquella palabra sin orillas que es el mar de mi misma y de tu olvido. Después de que te he dado mar y cielo me quedo con la tierra de mi vida que es dulce como arcilla mojada en sangre y leche. Ahora me sobra todo lo que tuve porque soy como acuario y como roca. Por mi sangre navegan peces ágiles y en mi cuerpo se enredan las raíces de unas plantas violetas y amarillas. Tengo en la espalda herida cicatrices de alas inservibles, y un poquito en mis ojos todavía hay humedad inútil de recuerdos. Pero, que importa todo esto ahora? cuanto estiro los brazos y no hay nada que no sea yo misma repetida. Acaso no soy mar y no soy roca? Misterios de colores en mi vida suben y bajan en mareas altas y extraños animales y demonios se fingen ángeles y helechos en mis grutas. Están además el mar, el sol, la...

Viaje sin partida de Julia Prilutzky

Viaje sin partida  de Julia Prilutzky No amarse ahora, pero haber amado. Y encontrarse otra vez, recuerdo grave como el de alguna flor de aroma suave que se mustia en un libro ya olvidado, Va surgiendo el recuerdo desvelado: una palabra, un gesto... Es una clave que nadie descifró, que nadie sabe; recinto nuestro, cántico inviolado. Estamos en silencio, frente a frente. Y sin verte, yo sé que me has mirado con no sé qué recuerdo transparente en los ojos lejanos... No has cambiado. Y es dulce estarse así, indolentemente, pero no amarse ya. Haberse amado.

Las piedras del camino se llenan de ternura...

Las piedras del camino se llenan de ternura... de Concha Urquiza Las piedras del camino se llenan de ternura y de musgos; los cielos contemplan con dulzura los senos azulosos del agua que se estanca. Clareando entre los charcos de solo todos deshechos, se hinchan de luz las agrias venas de los helechos tendidos sobre el fresco terror de la barranca.

Las cicatrices de Piedad Bonnett

Las cicatrices de Piedad Bonnett  No hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza. Una historia puntual se cuenta en ella, algún dolor. Pero también su fin. Las cicatrices, pues, son las costuras de la memoria, un remate imperfecto que nos sana dañándonos. La forma que el tiempo encuentra de que nunca olvidemos las heridas. De Explicaciones no pedidas, 2011.

Día de Año Nuevo de Kim Addonizio

Día de Año Nuevo de Kim Addonizio Esta mañana la lluvia cae sobre la última nieve y la limpiará. Huelo otra vez la hierba y las hojas caídas que se mezclan con el barro. Los pocos amores que pude conservar duermen aún en la Costa Oeste. Aquí en Virginia camino por los campos con la única compañía de unas pocas vacas jóvenes. De hueso ancho y tímidas, son como las chicas que recuerdo de Secundaria, las que nunca hablaban, las que tenían la cabeza agachada y los brazos cruzados sobre sus pechos nuevos. Esas chicas tienen ya casi cuarenta años. Como yo, seguro que a veces se detienen de noche ante una ventana, a mirar el patio silencioso, una silla oxidada y los muros de las casas de otra gente. Habrá tardes en que se acuesten y lloren amargamente por quien las hiciera más felices, y se pregunten cómo sus vidas las han llevado tan lejos sin jamás explicar nada. No sé por qué estoy aquí fuera con...

Sueño de Alejandra Pizarnik

Sueño de Alejandra Pizarnik Estallará la isla del recuerdo. La vida será sólo un acto de candor. Prisión para los días sin retorno. Mañana los monstruos del buque destruirán la playa sobre el viento del misterio. Mañana la carta desconocida encontrará las manos del alma.

Poesía de otoño (VIII): Diciembre

Diciembre de Susana March Si un día rompo a cantar, todo cantará conmigo. Esta mudez de los campos se rasgará con mi grito. Las nubes vagan sin prisa desnudándome el camino. ¡Qué desolado horizonte en este mes de los fríos! Hay un revuelo de escarcha sobre los jóvenes pinos. Diciembre levanta un cáliz de pájaros en exilio. Yo dormida, voy soñando dulces lares encendidos...

Uno de esos poemas eternos (III): Besos de Gabriela Mistral

Besos de Gabriela Mistral Hay besos que pronuncian por sí solos la sentencia de amor condenatoria, hay besos que se dan con la mirada hay besos que se dan con la memoria. Hay besos silenciosos, besos nobles hay besos enigmáticos, sinceros hay besos que se dan sólo las almas hay besos por prohibidos, verdaderos. Hay besos que calcinan y que hieren, hay besos que arrebatan los sentidos, hay besos misteriosos que han dejado mil sueños errantes y perdidos. Hay besos problemáticos que encierran una clave que nadie ha descifrado, hay besos que engendran la tragedia cuantas rosas en broche han deshojado. Hay besos perfumados, besos tibios que palpitan en íntimos anhelos, hay besos que en los labios dejan huellas como un campo de sol entre dos hielos. Hay besos que parecen azucenas por sublimes, ingenuos y por puros, hay besos traicioneros y cobardes, hay besos maldecidos y perjuros. Judas besa a Jesús y deja impresa en su rost...