Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como muerte

Tu sombra que se escapa

Intento agarrar tu sombra pero se me escapa de las manos. Nunca quise coserla como hacía Peter Pan. Siempre pretendí dejarla libre. Pero ahora, que te vas y no regresas, es la primera vez que necesito aferrarme a ella. Por favor, no te vayas. Se me escurre entre los dedos mientras comienza a diluirse en hilos de recuerdos. Ahora me arrepiento de las palabras que nunca fueron enhebradas a esos retales de vida. Sé que ya no habrá más risas frente a la tele apagada un domingo por la tarde o regañinas cuando no hacía los deberes.

11 años ya de ese jueves maldito

Imagen
Jueves de La Oreja de Van Gogh Si fuera más guapa y un poco más lista  Si fuera especial, si fuera de revista  Tendría el valor de cruzar el vagón  Y preguntarte quién eres.  Te sientas en frente y ni te imaginas  Que llevo por ti mi falta más bonita.  Y al verte lanzar un bostezo al cristal  Se inundan mis pupilas.  De pronto me miras, te miro y suspiras  Yo cierro los ojos, tú apartas la vista  Apenas respiro me hago pequeñita  Y me pongo a temblar  Y así pasan los días, de lunes a viernes  Como las golondrinas del poema de Bécquer  De estación a estación enfrente tú y yo  Va y viene el silencio.  De pronto me miras, te miro y suspiras  Yo cierro los ojos, tú apartas la vista  Apenas respiro, me hago pequeñita  Y me pongo a temblar.  Y entonces ocurre, despiertan mis labios  Pronuncian tu nombre tartamudeando.  Supo...

Cómo dar cuerda al reloj según Julio Cortázar

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suel...

Eterna compañera

Imagen
Hoy he conocido a mi nueva amante: la soledad. Esa que me acompaña todas las noches de vigilia. Aquella que, con silencios, me besa. No fui yo quien se enamoró de ella, sino ella fue la que se fijó en mí. Me ha atrapado en sus redes y no me deja escapar. Es muy posesiva. Me hizo un regalo, para ella de un valor inestimable: el olvido. Mi vida transcurre sin que pueda vivirla, como si fuera un mero espectador que no puede decidir lo que sucede en la obra que se está representando, como un director de orquesta sin batuta. No tengo nombre, no tengo rostro. Solamente puedo escapar de una manera. Miro hacia la ventana, desvencijada, que cruje por culpa del viento. Y encamino mis pasos hacia ella. 

Amor constante más allá de la muerte de Quevedo

Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día, y podrá desatar esta alma mía hora a su afán ansioso lisonjera; mas no, de esotra parte, en la ribera, dejará la memoria, en donde ardía: nadar sabe mi llama la agua fría, y perder el respeto a ley severa. Alma a quien todo un dios prisión ha sido, venas que humor a tanto fuego han dado, medulas que han gloriosamente ardido, su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado. Francisco de Quevedo.

A mi lado

Imagen
Sueño que estás a mi lado, hermana. Vemos una gaviota que intenta atrapar un pez, que se le escapa. El sol luce solitario en lo alto del cielo. Tú y yo, y un océano que nos contempla imperturbable. Me hace feliz tu sonrisa. Entonces me preguntas, ¿por qué se me cae el pelo, hermanita? Una brisa fría, enlutada, me rodea en su melancolía para abandonarme en busca de las ramas oscilantes de los cipreses. Me he quedado dormida al lado de tu lápida. Te prometí que siempre estaría contigo. Aunque la leucemia nos separara, no lo logró con nuestro amor.

Tú, mi linda rosa...

Imagen
La vie en rose de Edith Piaf Un papel ya algo a jado. Con grietas hasta en tu sonrisa. Con ese color amarillento. Otra nostalgia más entre tantas que me nublan la memoria. Bueno no, no es una cualquiera, es el primer recuerdo, nuestro recuerdo. Me observas traviesa en ella. Cuántas veces la habré besado, suspirado. Incluso guarda algunas de las lágrimas que derramé tras tu marcha. A pesar del cuidado con el siempre la he tratado, ella también envejece, ajena al resto del mundo. Te reías mientras yo intentaba hacer la fotografía, pues era la primera vez que utilizaba una cámara y no tenía ni idea. Logré captar esa mirada tuya, tan espontánea, tan sincera, tan enamorada. Sucedió hace varias décadas, pero para mí parece que fue ayer, que todo este tiempo no ha transcurrido. Que tú tienes diecisiete años y yo veinte. Que es nuestra primera cita, que has sido tú quien me acaba de besar por primera vez. Que un pequeño rato después bailaremos nuestra primera canción, la cual yo cre...