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Poesía de otoño (VI): Una elegía

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Elegía de otoño de Leopoldo de Luis Las hojas del otoño flotan sobre tu brisa y caen en el estanque solitario del alma. Un dolor de ser otros parece que nos pesa como unas rotas alas. (Acaso nunca el hombre es él mismo.) Escuchamos la voz honda del tiempo, la palabra del tiempo que en los labios cobrizos del otoño pone su dejo antiguo, su amarillez, y pasa. Escuchamos el tiempo pasar: es un rebaño invisible que pisa por la hierba mojada; es una larga ronda de vientos tañedores entre las flautas rojas de las ramas; es una herida queja de líquidos metales por fugitivos corazones de agua. Escuchamos el tiempo y apretamos los párpados y sentimos el tiempo en nuestras lágrimas. El otoño que arde con su lumbre de gloria presta a las cosas luz misteriosa y dorada; toda la tierra tiene una triste hermosura como una dulce evocación de infancia. También otoño el corazón nos dora y sus hondos paisajes nos enciende en el alma y nos sentim...

Esa poesía de lo cotidiano

Será sencillamente de Leopoldo de Luis ¿Cómo decirte cómo? Será como las flores que nievan de blancura un corazón de ramas. Como el sol de la tarde, que madura colores y matiza la sierra de doradas escamas. Será con esa dulce sencillez de las cosas que anima la espontánea sucesión de los días. Será cual los rosales se iluminan de rosas y las tardes se mueren en guedejas sombrías. Será con ese arte de la vida diaria, con esa poesía que hay en lo cotidiano, esa oscura armonía del alma solitaria, esa sorda belleza del primer artesano. Será sencillamente: sin palabras vacías ni artificios inútiles: como mana la fuente. Señor, ¡es tan hermoso amar sencillamente! Como vuelan los pájaros, como pasan los días...

La realidad que nos llama

La realidad de Leopoldo de Luis No, no quiero los sueños. Es la vida, la realidad la que nos llama. Escucha. Son las cosas estrictas que tocamos las que nos prestan su difícil música. Difícil, sí, difícil es alzarse desde el silencio de la pena abrupta y tocar con los dedos aún heridos estas candentes realidades duras. Pero lo mismo que esos pobres árboles frente a los brazos del otoño luchan, hemos de defender hoja por hoja la rama viva que nos da la fruta de la esperanza, que hace cada día. esa naranja un poco más madura. Contra el inevitable helor del tiempo que con tus amantes manos la recubran. No. No es el sueño. Es esta vida diaria la que hay que comenzar de nuevo. Busca en mí el esfuerzo y la sonrisa. Míralos. (Aunque los finja Por vencer tu duda.) Porque era esto lo que contenía aquella caja de sorpresas... Nunca podremos ya volver atrás. La tarde sombra a nuestras espaldas acumula.

Poesía de otoño (V): Leopoldo de Luis

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Poema para Octubre de Leopoldo de Luis La tarde es una rosa vagamente en la rama desnuda del ocaso. Una rosa ceniza, como un frío beso crecido en unos muertos labios. Leve sombra desliza su palidez de hielo entre mis manos. Las pupilas alargan sus miradas como cautivos pájaros. Octubre otra vez fruto de este paisaje, este árbol donde día tras día oscuramente mi pobre corazón se va quedando. Vivir es reencontrarse en todo lo lejano, ser otra vez aliento en el paisaje que fue otra vez soñado. Vivir es ser corteza de este roble que en hielo y sol el tiempo va quemando. El mar de la memoria se enciende, se ilumina, y a su amparo el corazón revive, remoza primaveras, sollozando. La tarde es una rosa vagamente en la rama desnuda del ocaso. A la piadosa luz de octubre vuelvo y entre la tibia cuenca de mis manos como un niño dormido mi corazón levanto. Vivir es retornar a cada Octubre para sentirse el corazón do...