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Las piedras del camino se llenan de ternura...

Las piedras del camino se llenan de ternura... de Concha Urquiza Las piedras del camino se llenan de ternura y de musgos; los cielos contemplan con dulzura los senos azulosos del agua que se estanca. Clareando entre los charcos de solo todos deshechos, se hinchan de luz las agrias venas de los helechos tendidos sobre el fresco terror de la barranca.

Algunos apuntes sobre la felicidad (II): Piedritas en la ventana

Piedritas en la ventana de Mario Benedetti De vez en cuando la alegría tira piedritas contra mi ventana. Quiere avisarme que está ahí esperando, pero me siento calmo casi diría ecuánime. Voy a guardar la angustia en un escondite y luego a tenderme cara al techo, que es una posición gallarda y cómoda para filtrar noticias y creerlas. Quién sabe dónde quedan mis próximas huellas ni cuándo mi historia va a ser computada, quién sabe qué consejos voy a inventar aún y qué atajo hallaré para no seguirlos. Está bien no jugaré al desahucio, no tatuaré el recuerdo con olvidos, mucho queda por decir y callar y también quedan uvas para llenar la boca. Está bien me doy por persuadido que la alegría no tire más piedritas, abriré la ventana, abriré la ventana.

Con las piedras, con el viento...

Con las piedras, con el viento... de José Hierro Con las piedras, con el viento hablo de mi reino. Mi reino vivirá mientras estén verdes mis recuerdos. Cómo se pueden venir nuestras murallas al suelo. Cómo se puede no hablar de todo aquello. El viento no escucha. No escuchan las piedras, pero hay que hablar, comunicar, con las piedras, con el viento. Hay que no sentirse solo. Compañía presta el eco. El atormentado grita su amargura en el desierto. Hay que desendemoniarse, liberarse de su peso. Quien no responde, parece que nos entiende, con las piedras, con el viento. Se exprime así el alma. Así se libra de su veneno. Descansa, comunicando con las piedras, con el viento.