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Mostrando las entradas etiquetadas como respeto

No quiero convencer a nadie de nada dice Jaime Sabines

No quiero convencer a nadie de nada de Jaime Sabines No quiero convencer a nadie de nada. Tratar de convencer a otra persona es indecoroso, es atentar contra su libertad de pensar o creer o de hacer lo que le dé la gana. Yo quiero sólo enseñar, dar a conocer, mostrar, no demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¡Quién es quién para decir «esto es así», si la historia de la humanidad no es más que una historia de contradicciones y de tanteos y de búsquedas?)  Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien ha de ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni afligirse, ni pensar en la muerte. "La vejez, la enfermedad y la muerte", de Buda, no son más que la muerte, y la muerte es inevitable. Tan inevitable como el nacimiento.  Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, lastimando, acariciando, soñando. (¡Pero siempre se vive del mejor modo posible!)  Mientras yo no pu...

Mi héroe (des)conocido

De pequeña tuve un héroe. Aunque entonces no me di cuenta pero lo tenía mucho más cerca de lo que pensaba; pues entonces admiraba, como tantos otros niños, a personajes como Tarzán, Pocahontas o Peter Pan, seres inventados por una sociedad con ansias de soñar. Y se me olvidaba mirar a mi alrededor. Esa persona, o mejor dicho, ese guerrero que lidia con mil batallas de la vida, para salir victorioso siempre. Emprende una y otra vez la lucha, sin rendirse nunca, indestructible. Si se cae, se levantará de nuevo para seguir interpretando el papel de un Quijote diferente al de los molinos de viento, pues logra lo que anhela. Alguien pragmático e idealista que se sacrifica por el propósito que aspira: ayudar a sus seres queridos. Sin embargo, también es real, con fallos e imperfecto, y por eso, lo respeto y quiero aún más. Y lo más importante, se qué en todo momento se encuentra, encontró y encontrará a mi lado, sin importar la distancia ni el tiempo.  Un estadista llamado Benjamín Di...