Entradas

Un horizonte nuevo de Claribel Alegría

Un horizonte nuevo de Claribel Alegría Un horizonte nuevo se despliega ante mí un horizonte que se abre y me invita a entrar para encontrarme para ser devorada liberada y yo no tengo miedo y danzo y salto y salgo de mi cuerpo y vuelvo a entrar y me siento incómoda en mi cárcel y quiero ser lanzada dentro de esa frontera que me incita y me acerco y me alejo pero no he de tardar.

Viajar, volver, regresar (III): Mario Benedetti

Quiero creer que estoy volviendo de Mario Benedetti Vuelvo / quiero creer que estoy volviendo con mi peor y mi mejor historia conozco este camino de memoria pero igual me sorprendo hay tanto siempre que no llega nunca tanta osadía tanta paz dispersa tanta luz que era sombra y viceversa y tanta vida trunca vuelvo y pido perdón por la tardanza se debe a que hice muchos borradores me quedan dos o tres viejos rencores y sólo una confianza reparto mi experiencia a domicilio y cada abrazo es una recompensa pero me queda / y no siento vergüenza / nostalgia del exilio en qué momento consiguió la gente abrir de nuevo lo que no se olvida la madriguera linda que es la vida culpable o inocente vuelvo y se distribuyen mi jornada las manos que recobro y las que dejo vuelvo a tener un rostro en el espejo y encuentro mi mirada propios y ajenos vienen en mi ayuda preguntan las preguntas que uno sueña cruzo silbando por el santo y seña...

Primero de Enero

Imagen
Primero de Enero de Octavio Paz Las puertas del año se abren, como las del lenguaje, hacia lo desconocido. Anoche me dijiste: mañana habrá que trazar unos signos, dibujar un paisaje, tejer una trama sobre la doble página del papel y del día. Mañana habrá que inventar, de nuevo, la realidad de este mundo. Ya tarde abrí los ojos. Por el segundo de un segundo sentí lo que el azteca, acechando desde el peñón del promontorio, por las rendijas de los horizontes, el incierto regreso del tiempo. No, el año había regresado. Llenaba todo el cuarto y casi lo palpaban mis miradas. El tiempo, sin nuestra ayuda, había puesto, en un orden idéntico al de ayer, casas en la calle vacía, nieve sobre las casas, silencio sobre la nieve. Tú estabas a mi lado, aún dormida. El día te había inventado pero tú no aceptabas todavía tu invención en este día. Quizá tampoco la mía. Tú estabas en otro día. Estabas a mi lado y yo te veía,...

También me gusta el amor

También me gusta el amor de Claribel Alegría También me gusta el amor al que le cierran la puerta el que entra por la ventana volando sobre una cuerda.

Viajar, volver, regresar (II): La teoría del chocolomo

Una amiga nos contó la teoría del chocolomo. Esta chica habló con un amigo suyo de Madrid que no encontraba trabajo en España, es médico de algo potente, lo que le ofrecían era una basura y terminó probando suerte en París. Tenía un buen trabajo pero a la vez estaba muy harto: tener vida social con los franceses era imposible, la gente era como muy snob. Estaba un poco en crisis y decidió volverse a Madrid porque echaba de menos a la familia, la gente, un poco de vida social… Ha conseguido trabajo en Madrid pero está un poco puteado, no está muy contento. Lo habló con un amigo y uno le dijo: “A ti lo que te pasa es lo del chocolomo”. Y le dijo: “¿De qué coño me estás hablando?”. “Mira, la teoría es muy sencilla: lo que te pasa ahora mismo es que te apetece mucho comerte un bocadillo de chocolate y te apetece mucho comerte un bocadillo de lomo, pero tienes que decidirte entre chocolate o lomo, porque desgraciadamente el chocolomo no existe”. Cuando nos lo contó nuestra amiga dije: “Me ...

Ritmos invernales (VII)

Imagen
Nevada de Rigas Kappatos (Poemas de Mar y Tierra) Con tanta nieve nos podríamos haber perdido, O, tal vez, no nos habríamos encontrado nunca. ¿Cómo circular? Otra vez está nevando. En las calles no hay nadie. Y la nieve sube y sigue cayendo y sube como el silencio que mientras dure  no se puede medir.

Tus manos y las mías robarán las estrellas

La rama robada de Pablo Neruda En la noche entraremos a robar una rama florida. Pasaremos el muro, en las tinieblas del jardín ajeno, dos sombras en la sombra. Aún no se fue el invierno, y el manzano aparece convertido de pronto en cascada de estrellas olorosas. En la noche entraremos hasta su tembloroso firmamento, y tus pequeñas manos y las mías robarán las estrellas. Y sigilosamente, a nuestra casa, en la noche y en la sombra, entrará con tus pasos el silencioso paso del perfume y con pies estrellados el cuerpo claro de la primavera.