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Yes, I deserve a spring

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“Yes, I deserve a spring– I owe nobody nothing.” Virginia Woolf, A Writer's Diary.

Yo nunca seré de piedra. Gritaré, reiré y cantaré cuando haga falta

Canto, río, con tus aguas de Rafael Alberti Canto, río, con tus aguas: De piedra, los que no lloran. De piedra, los que no lloran. De piedra, los que no lloran. Yo nunca seré de piedra. Lloraré cuando haga falta. Lloraré cuando haga falta. Lloraré cuando haga falta. Canto, río, con tus aguas: De piedra, los que no gritan. De piedra, los que no ríen. De piedra, los que no cantan. Yo nunca seré de piedra. Gritaré cuando haga falta. Reiré cuando haga falta. Cantaré cuando haga falta. Canto, río, con tus aguas: Espada, como tú, río. Como tú también, espada. También, como tú, yo, espada. Espada, como tú, río, blandiendo al son de tus aguas: De piedra, los que no lloran. De piedra, los que no gritan. De piedra, los que no ríen. De piedra, los que no cantan

Por eso no seremos nunca la pareja perfecta

Fragmento del poema "Bolero" de Julio Cortázar Qué vanidad imaginar que puedo darte todo, el amor y la dicha, itinerarios, música, juguetes. Es cierto que es así: todo lo mío te lo doy, es cierto, pero todo lo mío no te basta como a mí no me basta que me des todo lo tuyo. Por eso no seremos nunca la pareja perfecta, la tarjeta postal, si no somos capaces de aceptar que sólo en la aritmética el dos nace del uno más el uno.

A Venecia de José Zorrilla

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A Venecia de José Zorrilla Allí está, Venecia, la dueña opulenta De antiguos, y nobles, y libres blasones, Venecia la hermosa, la villa que cuenta Que a sueldo tenía soberbias naciones, Señora del mar. Que cuenta que un día imperios y reyes Su gala envidiaron, su nombre temieron, Y el mar y la tierra besaron sus leyes, -Y enviáronla buques, soldados la dieron; Porque ella supiera batirse y triunfar. Un día a sus ojos la tierra callaba, Un día su nombre la tierra llenaba: Pasaron los días, Venecia pasó. Hoy es una viuda y hermosa Sultana, Que tiene su corte ridícula y vana Allá en un palacio que el Sultán la dió. ¡Venecia la encantadora, La de los pardos pilares, De las ciudades señora, La señora de los mares, La corona de jardines Colgada sobre canales! No son tu gala y festines Los que valen lo que vales. Hechizo de Italia, sí, Mas del poeta la lira No es por ti por quien suspira, No, Venecia, no es por ti. ¿Qué ...

Que este canto resuene

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Foto publicada en el ABC de Sevilla.  La huelga del 8 de marzo por el Día de la Mujer Trabajadora en Córdoba, en imágenes Reencarnaciones de Jenny Londoño Vengo desde el ayer, desde el pasado oscuro, con las manos atadas por el tiempo, con la boca sellada desde épocas remotas. Vengo cargada de dolores antiguos recogidos por siglos, arrastrando cadenas largas e indestructibles. Vengo de lo profundo del pozo del olvido, con el silencio a cuestas, con el miedo ancestral que ha corroído mi alma desde el principio de los tiempos. Vengo de ser esclava por milenios. Sometida al deseo de mi raptor en Persia, esclavizada en Grecia bajo el poder romano, convertida en vestal en las tierras de Egipto, ofrecida a los dioses de ritos milenarios, vendida en el desierto o canjeada como una mercancía. Vengo de ser apedreada por adúltera en las calles de Jerusalén, por una turba de hipócritas, pecadores de todas las especies que clamaban ...

Tu sombra que se escapa

Intento agarrar tu sombra pero se me escapa de las manos. Nunca quise coserla como hacía Peter Pan. Siempre pretendí dejarla libre. Pero ahora, que te vas y no regresas, es la primera vez que necesito aferrarme a ella. Por favor, no te vayas. Se me escurre entre los dedos mientras comienza a diluirse en hilos de recuerdos. Ahora me arrepiento de las palabras que nunca fueron enhebradas a esos retales de vida. Sé que ya no habrá más risas frente a la tele apagada un domingo por la tarde o regañinas cuando no hacía los deberes.

Viajar, volver, regresar (VII): Es la hora del regreso

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El retorno de José Lupiáñez Es la hora del regreso: el camino que verde desafiaba a la tarde habrás de desandar en esta hora nocturna. Te alumbrarán las débiles luciérnagas y las cumbres lejanas vigilarán tus pasos. Las mismas ramas, aún cuajadas de trinos, te saldrán al encuentro. Ya encienden las aldeas sus hogueras profanas. Arden al fuego carnes con aroma y cunde el vino rojo en las tabernas. Tú vuelves de aquel bosque con los haces de leña sobre el hombro y ese gozque que mordisquea los talones. Nada más traes contigo, las manos con heridas recientes, el corazón con las antiguas.