Desde pequeña me gustó relacionar los colores con las estaciones, un invierno blanco, un verano dorado, una primavera roja, y el otoño marrón. Cada vez que pensaba en un día otoñal, soñaba con las alfombras algo rojizas del parque de la esquina o en las tardes eternas de lluvia y
Reflejos oníricos (XIII): Sueño, porque vivo en mí...
Sueño, porque vivo en mí... de Victoriano Crémer Sueño, luego existo. Pienso que sueño tan hondo y cierto que el sueño me despierta en mitad del pensamiento. Y me duele este soñar, pensando que es tan sin sueño, que los sueños se me rompen —espumas del pensamiento— en las arenas del mar en que soñando, navego. ¿Pero existo? ¿Dónde y cómo? Aquí, encerrado, me encuentro en el sueño sin salida que teje mi pensamiento, preguntándome, doliéndome, de ser, soñándome, cierto. Soledad de soledades: ya ni yo mismo me sueño, pensando que existo y soy sueño de mi pensamiento.
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