Sueño, porque vivo en mí... de Victoriano Crémer Sueño, luego existo. Pienso que sueño tan hondo y cierto que el sueño me despierta en mitad del pensamiento. Y me duele este soñar, pensando que es tan sin sueño, que los sueños se me rompen —espumas del pensamiento— en las arenas del mar en que soñando, navego. ¿Pero existo? ¿Dónde y cómo? Aquí, encerrado, me encuentro en el sueño sin salida que teje mi pensamiento, preguntándome, doliéndome, de ser, soñándome, cierto. Soledad de soledades: ya ni yo mismo me sueño, pensando que existo y soy sueño de mi pensamiento.
Distancia de Mario Benedetti Existe una distancia incalculable que no se mide en horas ni en pulgadas ni en millas ni en semestres ni en tamaños lejos y cerca son casi lo mismo y es la frágil distancia del amor en ese territorio que es del alma la nostalgia está lejos y nos mide el tacto es un placer de cercanías en extraños azares sin embargo la nostalgia del tacto se inaugura y entonces la distancia es sólo un punto el punto del amor ese infalible.
Oda a un reloj en la noche de Pablo Neruda En la noche, en tu mano brilló como luciérnaga mi reloj. Oí su cuerda: como un susurro seco salía de tu mano invisible. Tu mano entonces volvió a mi pecho oscuro a recoger mi sueño y su latido. El reloj siguió cortando el tiempo con su pequeña sierra. Como en un bosque caen fragmentos de madera, mínimas gotas, trozos de ramajes o nidos, sin que cambie el silencio, sin que la fresca oscuridad termine, así siguió el reloj cortando desde tu mano invisible, tiempo, tiempo, y cayeron minutos como hojas, fibras de tiempo roto, pequeñas plumas negras. Como en el bosque olíamos raíces, el agua en algún sitio desprendía una gotera gruesa como una uva mojada. Un pequeño molino molía noche, la sombra susurraba cayendo de tu mano y llenaba la tierra. Polvo, tierra, distancia molía y molía mi reloj en la noche, desde tu mano. Yo puse mi brazo bajo tu cu...
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