Entradas

Espero curarme de ti

Espero curarme de ti de Jaime Sabines Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»). Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas ...

Peregrinar según Cernuda

Peregrino de Luis Cernuda ¿Volver? Vuelva el que tenga, tras largos años, tras un largo viaje, cansancio del camino y la codicia de su tierra, su casa, sus amigos, del amor que al regreso fiel le espere. Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas, sino seguir libre adelante, disponible por siempre, mozo o viejo, sin hijo que te busque, como a Ulises, sin Ítaca que aguarde y sin Penélope. Sigue, sigue adelante y no regreses, fiel hasta el fin del camino y tu vida, no eches de menos un destino más fácil, tus pies sobre la tierra antes no hollada, tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Y luego nada

Imagen
Hay sombras grises en la vieja estación de ferrocarriles. Algunas sombras fugaces pasan desapercibidas entre el gentío. Las ruedas de las maletas resuenan amplificadas por la melancolía de los que marchan. Son murmullos de despedidas, de reencuentros, de un adiós que esperas que sea un hasta luego. Es entonces cuando recuerdas todas las palabras que no has dicho, los abrazos que no diste. El tic-tac del reloj central se cierne sobre los viajeros. Y en un simple roce de labios debes concentrar todos los besos de buenos días y de buenas noches. El sol entra a raudales por los ajados cristales del techo, regalándole un aspecto aún más lánguido a un edificio ataviado con estructura de hierro, lágrimas y suspiros. Bajas las escaleras y apenas puedes distinguir las difuminadas siluetas de aquellos que se quedan por los rayos del astro diurno. El tren arranca, se desdibujan sus rostros hasta ser un punto en el horizonte, y luego nada.

La utopía para Eduardo Galeano

Imagen
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar. Eduardo Galeano

Te quiero, renacuaja

Imagen
Es la primera entrada personal que hago. Solamente cinco palabras: Estoy orgullosa de ti, pequeña. Sigue así. Como siempre. No se puede decir más.

Somos seres solitarios (III): Intimidad

Imagen
Intimidad de Mario Benedetti  Soñamos juntos juntos despertamos el tiempo hace o deshace mientras tanto no le importan tu sueño ni mi sueño somos torpes o demasiado cautos pensamos que no cae esa gaviota creemos que es eterno este conjuro que la batalla es nuestra o de ninguno juntos vivimos sucumbimos juntos pero esa destrucción es una broma un detalle una ráfaga un vestigio un abrirse y cerrarse el paraíso ya nuestra intimidad es tan inmensa que la muerte la esconde en su vacío quiero que me relates el duelo que te callas por mi parte te ofrezco mi última confianza estás sola estoy solo pero a veces puede la soledad ser una llama.

Somos seres solitarios (II): Un pensamiento propio

Imagen
Somos seres solitarios que intentamos hacer vida en sociedad. Solitarios al nacer, solitarios al morir. Venimos solos y moriremos solos, mas en el camino necesitamos ir acompañados. Damos lo que sea por un abrazo, un suspiro o, incluso, una lágrima. Nos hacemos rodear de familia, amigos, pareja, una mascota..., con tal de no enfrentarnos al desamparo, al silencio de nuestra mente, o al abandono de nuestro corazón. Nos aterra la idea de tener tiempo para enfrentarnos a nuestro subconsciente, a conocernos a nosotros mismos. Comunicarnos, hablar, relacionarnos con el resto. La soledad es mejor aislarla en una torre de marfil, desterrarla de nuestro día a día, aunque es en ella cuando emerge la creación del artista, cuando aprendemos a saber cuáles son nuestras virtudes y nuestros defectos, cuando tenemos tiempo para soñar. Sin embargo, esta es solo una clase de soledad. Una soledad bella y pura, como la del astro solar. Eterna, infinita y poética. La melancolía surge en el aislamie...